Formación
Simuladores de realidad virtual para formación
Simuladores de entrenamiento para entornos industriales, técnicos o de riesgo laboral. Aprender haciendo, sin consecuencias y sin parar la actividad.
Un simulacro de incendio en un hospital obliga a paralizar el hospital entero. Se hace una vez al año, sale caro y la mitad del personal lo vive como una interrupción. En realidad virtual, ese mismo simulacro se repite tantas veces como haga falta, en el turno de cada uno, sin mover a nadie de su puesto.
Eso es exactamente lo que construimos para el Hospital de Tierra de Barros: una recreación del centro donde el personal entrena la respuesta ante emergencias. El proyecto se hizo junto a Plena Inclusión Extremadura, e incorpora una propuesta de cartelería adaptada diseñada por la organización para que las personas con discapacidad cognitiva puedan entenderla.
La ventaja no es solo el ahorro. En un simulador se puede provocar el error a propósito, dejar que ocurra y analizarlo después. En la realidad, no.
Qué se puede entrenar
Un simulador tiene sentido cuando equivocarse en la realidad es caro, peligroso o imposible de repetir. Eso abarca más de lo que parece:
- Emergencias y evacuación. Incendios, evacuaciones y protocolos de respuesta en el propio edificio, recreado tal como es. Es lo que hicimos en el Hospital de Tierra de Barros.
- Habilidades de gestión y trabajo en equipo. Situaciones en las que importa cómo decide y se coordina un grupo, no solo si alguien sabe un procedimiento. NeoCK, diseñado con un equipo de investigadores en psicología, pedagogía y neurociencias, pone a varios participantes a la vez dentro de una misión que solo se resuelve colaborando.
- Trabajos de riesgo. Altura, espacios confinados, maquinaria pesada: maniobras en las que no se puede ensayar el fallo con la instalación real.
- Procedimientos técnicos y mantenimiento. Montaje, desmontaje e inspección de equipos a partir de su modelo CAD, antes incluso de que la máquina exista.
- Formación accesible. Entornos diseñados para personas con diversidad cognitiva, con instrucciones claras y sin depender de leer rápido.
No todo se aprende mejor así. La teoría, la normativa o un procedimiento que cambia cada trimestre se enseñan mejor de otra manera, y lo explicamos con detalle en cuándo compensa un simulador y cuándo no.
Cómo es un proyecto
1. Qué hay que entrenar, y para quién. Lo primero no es técnico: qué procedimiento, qué errores son los que importan y quién va a usarlo. Si el procedimiento está escrito paso a paso, la mitad del diseño está hecha. Si no lo está, empezamos por escribirlo con vuestro equipo.
2. El material que ya existe. Planos, modelos 3D, fotografías de la instalación, el propio procedimiento. Todo lo que exista acorta el trabajo y abarata el proyecto.
3. Una primera versión para probar. Antes de construir el entorno completo hacemos una versión corta, con lo justo para recorrer la situación principal, y la prueba gente que va a usarlo de verdad. Es el momento de descubrir que un paso no se entiende o que falta una decisión: corregirlo ahí cuesta poco, y con todo construido cuesta mucho.
4. Desarrollo. El entorno a escala real, las situaciones que hay que resolver y lo que se registra de cada sesión.
5. Pruebas con quien lo va a usar. Un simulador que nadie entiende a la primera no sirve, por bueno que sea el entorno.
6. Puesta en marcha. En gafas, en ordenador o en tableta, según dónde se vaya a usar. Un simulador necesita equipos, un sitio donde usarlos y alguien que lo mantenga: lo dejamos resuelto, para que no acabe en un armario.
En plazos, un simulador de una sola situación suele llevar entre dos y tres meses. Con varias situaciones, interacción con las manos o varios participantes a la vez, entre cuatro y seis. La fecha la fijamos al cerrar el alcance, no antes, y si hay una que no se puede mover —una auditoría, una apertura— conviene decirla el primer día.
De qué depende el coste
No hay tarifa cerrada, porque dos simuladores de emergencias pueden ser proyectos de escala muy distinta. Lo que marca la diferencia:
- Cuánto hay que modelar. Recrear un edificio desde cero no cuesta lo mismo que partir de sus planos o de un modelo que ya existe.
- Cuántas situaciones. Un único escenario frente a varios, con variantes y niveles de dificultad.
- Cuánta interacción. Mirar y elegir no cuesta lo mismo que manipular objetos y herramientas con las manos.
- Si se entrena solo o en grupo. Varios participantes en la misma sesión, como en NeoCK, multiplica lo que hay que construir.
- Qué se registra. Saber si alguien terminó no es lo mismo que registrar qué hizo, en qué orden y cuánto tardó.
- En qué dispositivos. Gafas, ordenador, tableta, o los tres.
Cuéntanos qué quieres entrenar y para cuánta gente, y te decimos por dónde iría antes de hablar de números.
Qué se mide
Un curso presencial deja una hoja de firmas. Un simulador deja un registro de lo que hizo cada persona: qué decisiones tomó, en qué orden, cuánto tardó y dónde se equivocó. Eso convierte la formación en un dato que se puede comparar entre personas, entre turnos y a lo largo del tiempo.
En las sesiones en grupo, quien dirige la formación ve lo que ocurre dentro mientras ocurre y puede intervenir, como en NeoCK.
Los resultados se pueden exportar para analizarlos fuera del simulador. Si la empresa ya trabaja con una plataforma de formación, la conexión con ella se plantea desde el principio del proyecto, porque condiciona qué se registra y cómo.
Preguntas frecuentes
¿Hace falta comprar gafas de realidad virtual?
No necesariamente. Desarrollamos para Meta Quest, HTC Vive, Pico y PC VR, y adaptamos el mismo simulador a ordenador o tableta cuando no hay gafas. Las gafas compensan cuando el objetivo es la inmersión completa —moverse por un espacio a escala real, manipular objetos—; para practicar decisiones, a menudo basta con una pantalla.
¿Cuántas personas pueden entrenar a la vez?
Depende de cómo se diseñe. Un simulador puede ser individual, para que cada persona practique a su ritmo en su turno, o multijugador, como NeoCK, donde un equipo entero resuelve una misión dentro del mismo entorno. El número de participantes se decide en el diseño: depende del espacio físico donde se vaya a usar, de cuántos equipos haya y de si tiene sentido que todos actúen a la vez o por turnos dentro de la misma sesión.
¿Qué pasa si cambia el procedimiento?
El simulador se actualiza, y eso tiene un coste. Por eso conviene empezar por los procedimientos estables y críticos: si una formación se reescribe cada pocos meses, un buen vídeo o un manual bien hecho envejecen mejor.
¿Funciona sin conexión a internet?
Puede hacerlo, y en hospitales e industria lo habitual es diseñarlo así. Las gafas autónomas ejecutan el simulador sin conexión a internet; las sesiones en grupo necesitan, como mucho, una red local entre los equipos, no salida al exterior. Se decide al principio, porque cambia cómo se recogen los resultados.
¿Qué necesitáis de nosotros para empezar?
Saber qué procedimiento queréis entrenar, para cuánta gente y si hay una fecha de por medio. Con eso ya se puede decir si un simulador es la herramienta adecuada —a veces no lo es, y también lo decimos—.
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