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Simuladores de realidad virtual para formación: cuándo compensan y cuándo no

Recreación virtual del Hospital de Tierra de Barros

Hay una forma rápida de saber si un simulador de realidad virtual tiene sentido para una formación concreta: preguntarse qué pasa cuando el alumno se equivoca. Si la respuesta es «nada», probablemente no haga falta. Si es «se para una línea de producción», «se rompe algo caro» o «alguien se hace daño», entonces hay caso.

Qué resuelve realmente un simulador

No resuelve «hacer la formación más moderna». Resuelve un problema concreto: permitir repetir un procedimiento tantas veces como haga falta sin consecuencias y sin ocupar el recurso real. El valor no está en las gafas, está en la repetición. Un operario que ha hecho veinte veces una maniobra crítica en un entorno simulado llega a la maniobra real con una memoria de la secuencia que no da ningún manual.

Los cuatro casos en los que compensa

  • El error es caro o peligroso. Maniobras en altura, espacios confinados, maquinaria pesada, procedimientos clínicos. Entrenar el fallo es justamente lo que no se puede hacer en real.
  • El recurso real está ocupado o no existe todavía. Formar a un equipo en una instalación que aún se está construyendo, o en una máquina que está produciendo y no se puede parar.
  • Hay que formar a mucha gente en sitios distintos. El coste de montar el simulador se reparte; el de desplazar a cien personas a un centro, no.
  • Interesa medir, no solo enseñar. Un entorno simulado registra qué hizo cada persona, en qué orden y cuánto tardó. Eso convierte la formación en un dato.

Los tres casos en los que no

Decir esto va contra nuestro interés inmediato, pero un proyecto que no debía existir termina mal para todos:

  • Cuando el contenido cambia cada trimestre. Un simulador tiene coste de actualización. Si el procedimiento se reescribe constantemente, un buen vídeo o un manual bien hecho envejecen mejor.
  • Cuando lo que hay que aprender es teoría. Normativa, conceptos, criterios de decisión: eso se aprende leyendo y discutiendo, no poniéndose unas gafas.
  • Cuando no hay quien lo despliegue. Un simulador necesita equipos, un sitio donde usarlos y alguien que los mantenga. Sin eso acaba en un armario, y lo hemos visto.

Qué hace falta para montarlo

Menos de lo que la gente supone, siempre que exista una cosa: el procedimiento escrito. Si el proceso que se quiere entrenar está documentado paso a paso, la mitad del trabajo de diseño ya está hecha. Si no lo está, lo primero no es un simulador: es escribirlo.

Después importa el material previo. Planos, modelos 3D del equipo, fotografías de la instalación: todo lo que exista acorta el modelado y abarata el proyecto. Y hay que decidir pronto el destino, porque no cuesta lo mismo un entorno para gafas que un recorrido para navegador. Lo explicamos en realidad virtual y en la sección de formación.

El terreno sanitario y psicológico merece mención aparte, porque ahí el entorno controlado sirve además para exposición terapéutica y rehabilitación: es otro uso, con otras exigencias, y lo tratamos en psicología y sanidad.

Si estás valorando uno, cuéntanos qué procedimiento quieres entrenar y para cuánta gente. Con eso ya se puede decir si compensa.

Hablemos.

Cuéntanos qué quieres conseguir y te decimos si la realidad virtual o aumentada es la herramienta adecuada. Si no lo es, también te lo diremos.

Teléfono +34 619 281 442
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