Cuando hacer las cosas más rápido no significa hacerlas mejor.
En un mundo donde una cámara 360 puede capturar una panorámica completa con solo pulsar un botón, en Prexenz seguimos utilizando una cámara DSLR, una cabeza panorámica y un proceso de captura y procesado HDR manual.
¿Por qué?
Porque para nosotros una fotografía 360 profesional no consiste simplemente en capturar una esfera, sino en conseguir que esa esfera tenga la máxima calidad, detalle y fidelidad posible.
1. Un sensor grande marca la diferencia

Las cámaras 360 convencionales utilizan varios objetivos y pequeños sensores que trabajan simultáneamente para construir la imagen completa.
Nuestro sistema parte de una DSLR con un sensor de gran tamaño, capturando diferentes posiciones alrededor del punto de giro. Para cada posición podemos realizar además una secuencia HDR de 7 o 9 exposiciones, obteniendo una cantidad de información muy superior.
El resultado es una panorámica con más detalle, menos ruido y mucho mayor rango dinámico, especialmente en interiores y escenas con grandes contrastes de iluminación.
2. HDR sin límites prácticos

Una escena puede contener desde zonas completamente iluminadas por el sol hasta rincones muy oscuros.
En lugar de confiar en un algoritmo que intenta resolver esa situación automáticamente, podemos capturar 7, 9 o más niveles de exposición y combinar posteriormente esa información.
Esto nos permite recuperar prácticamente todo el rango dinámico de la escena y decidir exactamente cómo queremos representar cada zona.
No dejamos que la cámara decida por nosotros.
3. Procesado selectivo, no automático
El archivo RAW es solo el principio.
Una panorámica profesional requiere revelado, corrección y composición. En nuestro flujo podemos tratar cada zona de la imagen de forma independiente: altas luces, sombras, ventanas, iluminación artificial, color, contraste, ruido…
Los algoritmos automáticos de una cámara 360 tienen que tomar esas decisiones por nosotros y aplicarlas de forma generalizada.
Nosotros preferimos controlar el resultado final.
4. Más resolución real
Aunque las cámaras 360 actuales pueden alcanzar resoluciones anunciadas de hasta 8K, una panorámica realizada mediante fotografía DSLR permite alcanzar fácilmente 12K, 16K o incluso más, dependiendo de la óptica y del número de capturas.
Pero no se trata solamente de contar píxeles.
Un sensor mayor, una óptica de calidad, múltiples exposiciones y un procesado cuidadoso proporcionan más información útil por píxel, mayor nitidez y menos ruido.
Y esa diferencia se aprecia especialmente cuando el usuario se encuentra dentro de la imagen en un visor VR.
5. El problema inevitable del stitching

Aquí está probablemente la diferencia técnica más importante.
Una cámara 360 necesita utilizar varias lentes y sensores situados físicamente en posiciones diferentes.
Pero los rayos de luz de una escena no convergen exactamente en la posición de cada lente: la pupila de entrada de cada objetivo está desplazada respecto a las demás.
Cuando los objetos están cerca de la cámara, este desplazamiento genera paralaje.
El software puede hacer un trabajo extraordinario disimulándolo, pero no puede cambiar la geometría con la que se capturó la escena.
Por eso, en una cámara multicámara, los objetos cercanos pueden aparecer cortados, deformados o presentar errores en las zonas de unión.
Con una DSLR montada sobre una cabeza panorámica y girada alrededor del punto de no paralaje, podemos mantener la geometría correcta de la escena y conseguir un stitching prácticamente invisible.
No estamos corrigiendo un error después de capturarlo. Estamos evitando que se produzca.
6. Y entonces, ¿por qué no usamos siempre DSLR?
Porque cada herramienta tiene su lugar.
Para fotografía 360 de máxima calidad, nuestro sistema DSLR nos permite controlar todo el proceso y obtener el resultado que buscamos.
Pero cuando hablamos de vídeo 360, la situación cambia completamente. Una DSLR necesitaría realizar múltiples capturas desde diferentes posiciones, algo incompatible con una escena en movimiento.
Ahí las cámaras 360 son una herramienta extraordinaria.
No se trata de utilizar siempre la tecnología más sofisticada. Se trata de utilizar la tecnología adecuada para cada resultado.
Una cámara 360 puede hacer una panorámica en segundos.
Nosotros tardamos más.
Capturamos más imágenes, realizamos más exposiciones, procesamos los archivos y revisamos el resultado.
Porque cuando una experiencia va a ser explorada en 360º y, especialmente, dentro de unas gafas de realidad virtual, creemos que cada píxel cuenta.
La tecnología ha conseguido que hacer una fotografía 360 sea muy fácil.
Nuestro trabajo consiste en conseguir que sea extraordinaria.
